martes, 7 de octubre de 2014

GALEANO: OCTUBRE 8

Octubre 8
Los tres

En 1967, mil setecientos soldados acorralaron al Che Guevara y a sus poquitos guerrilleros en Bolivia, en la Quebrada del Yuro. El Che, prisionero, fue asesinado al día siguiente.
En 1919, Emiliano Zapata había sido acribillado en México.
En 1934, mataron a Augusto César Sandino en Nicaragua.
Los tres tenían la misma edad, estaban por cumplir cuarenta años.
Los tres cayeron a balazos, a traición, en emboscada.
Los tres, latinoamericanos del siglo veinte, compartieron el mapa y el tiempo.
Y los tres fueron castigados por negarse a repetir la historia.

Eduardo Galeano. Los hijos de los días. Siglo Veintiuno Editores. 2012.


jueves, 25 de septiembre de 2014

JUAN MANUEL AGUIRRE: A ALEJANDRA PIZARNIK

                                     BAJOFONDO DE LILAS

                                                                                   A Alejandra Pizarnik

                                                                  “La soledad sería esta melodía rota de mis frases(A. P.)


Te descubro en esa esquina
de la noche
ahogada de silencio

desnuda de ropa y vestida de palabra
entre los dedos,
envuelta en tu blanca sábana de miedo

con tu sueño de barco
que te hiciera
surcar mares y los puertos

salteándote tanta ausencia
como vuela un pez de viento,
malo sueño, mal agüero

¿Quién te heredó, me pregunto
           tanta muerte anticipada?
¿Quién te dejó lastimada, toda niña
            juventud descascarada
entre un muro y un espejo, desolada
             fotofóbica obstinada?

invadida de insomnio
musgo y lágrima,
torpemente atormentada

cuando aquellos soles negros
acuchillando tus letras
demandaban luz de luna, fluorescencia

en un bajo fondo lila, habitable
puerta abierta
con caricia que no alcanza

y tanto amor mal parido
que no llega, ni se queda

                           ni te salva.

JUAN MANUEL AGUIRRE

ALEJANDRA PIZARNIK: FRAGMENTOS

Un 25 de septiembre de 1972 se despedía de este mundo Alejandra Pizarnik. Para muchos de nosotros sigue jugando con palabras en alguno de sus electos rincones oscuros. Compartimos algunos de sus ecos:
Perdida en el silencio
de las piedras fantasmas.
¿Quién es el heredero del viento,
quién me llena la boca de días,
quién hace que yo viva?

¿Quién prueba una verdad
en mi dolor sin fondo?

¿Quién me ha exiliado con los que cantan?
¿Quién me perdió en el silencio
de las palabras fantasmas?
..........................................................................

así iba yo devorando tinieblas
una flor en mi mano de sonámbula
una sonrisa ajena pegada a mis labios
mi cuerpo desnudo como una palabra
mis deseos abrazados a su imagen
.........................................................................

Antiguamente mis ojos buscaron refugio en las cosas humilladas, desamparadas, pero en amistad con mis ojos he visto, he visto y no aprobé.
.........................................................................

La soledad no es estar parada en el muelle, a la madrugada, mirando el agua con avidez. La soledad es no poder decirla por no poder circundarla por no poder darle un rostro por no poder hacerla sinónimo de un paisaje. La soledad sería esta melodía rota de mis frases.

domingo, 14 de septiembre de 2014

DIANA BELLESSI: DETRÁS DE LOS FRAGMENTOS

Poesía en su propia voz, fragmento del film "El jardín secreto", pura poesía en este enlace:http://www.youtube.com/watch?v=1BbcuMxBKh8

Diana Bellessi (ZavallaSanta Fe, Argentina1946) es una poeta argentina. Es, junto a autores como Arturo CarreraIrene GrussJavier AdúrizJorge AulicinoDaniel FreidembergMaría Teresa Andruetto o María del Carmen Colombo, una de las más valoradas representantes de la poesía argentina posterior a la Dictadura militar (1976-1983).

miércoles, 27 de agosto de 2014

JUAN MANUEL AGUIRRE: CORTAZAREANDO EN GLÍGLICO

Quiero fabar de moronos aunque no sea prunindo.
Yastacente, sin que me intrine o me entroque la prunindea.
Porque calunfu ten que ajar con mi sabala y manar, cuando proijkanumbu para la mayarma no es untádine la lusa. Y namba de mí que me pesenie en un tangro em dulfa gress.
Pero acá fesme. A un troixi de mi ropuk, irinando el bur, tatasto en cada mínulo la certeza de mi entramaje, verdándome el sendado por laja de abrazaciones, labemas y tébramos, con dirius, bremufkem y kairemen.
¡Y los molos, abranando otras sucemas... por vator!

lunes, 25 de agosto de 2014

Galeano: Los hijos de los días: 25 de agosto

Agosto 25.
El rescate de la ciudad prisionera.

Al amanecer de este día de 1944, París enloqueció.
La ocupación nazi había terminado.
Los primeros tanques y carros blindados habían entrado unas horas antes:
-¿Son americanos?- preguntaba el gentío.
Pero los nombres de esos tanques y esos blindados, torpemente escritos con pintura blanca, decían: Guadalajara, Ebro Teruel, Brúñete, Madrid, Don Quijote, Durruti...
Los primeros liberadores de París fueron los republicanos españoles.
Vencidos en su tierra, se habían batido por Francia.
Ellos creían que después España sería rescatada.
Se equivocaron.


domingo, 27 de julio de 2014

JUAN MANUEL AGUIRRE: TRIBUTO A UN AMANECER DE MAYO


Éramos unos cuantos los que lo vimos. Fue poco después de las seis de la mañana de aquel día de mayo, cuando muchos íbamos a trabajar procurándonos lugar en algún medio de transporte ya repleto.
Yo estaba caminando cuando lo vi, a pocas cuadras de la estación de trenes. Apareció volando sobre la avenida, unos metros por encima de cables y carteles. Visto desde abajo era gris claro y reflejaba con cierta fosforescencia las luces de mercurio. Enorme, planeaba como un cóndor pero era más grande que las aves de Los Andes, sin embargo parecía muy ágil y seguro moviéndose en plena urbe. Me estremeció escuchar cómo cortaba el aire helado del otoño con su vuelo.
Velozmente, remontó unos metros antes de frenar, quedando como crucificado en un cielo plomizo de fondo, y girar hacia el paso a nivel. Ahí le vi las patas con garras enormes y esa especie de cola que usó como timón y me hizo pensar que se trataba de un dragón, que es como ahora todos lo llaman cuando hablan del asunto.
Yo corrí de curioso, en un principio más fascinado que asustado. Entonces lo vimos bajar a metros de las vías, flotando con las alas extendidas como un parapente. Puede decirse que era un pájaro, pero en vez de plumas tenía escamas; su cabeza era alargada, como suelen dibujarse a los pterodáctilos, y tenía una cresta con forma de corona. Su lomo era del color verde azulado de los pavos reales.
Creo que yo fui el que más cerca estuvo, pero ninguno llegó a menos de diez metros cuando rodeamos la escena. En lo hipnótico del espectáculo, temor y vulnerabilidad brotaban de nuestros cuerpos, aun así la admiración y el respeto que inspiraba la bestia eran mayores.
El silencio se impuso y todos nos quedamos quietos, congelados, tratando de entender. El fantástico animal actuó como sabiendo perfectamente lo que hacía, dominando la situación; a las claras vino ahí y a eso. Cuando se posó en la vereda, la temperatura ambiente bajó aun unos grados más.
El dragón dio unos saltos cortos, haciendo equilibrio, hacia ese rincón húmedo y oscuro, y de entre un bulto de cartones y mantas arruinadas tomó entre sus garras el cuerpo de aquella señora que hacía tiempo pasaba las noches ahí y que durante los días mendigaba comida o lo que quisieran darle; en algunas fechas especiales vendía flores y todo el mundo la conocía, aunque nadie sabía de dónde había venido ni cuándo.
Con su presa inerte entre las garras, sin una mínima reacción en esas manos blancas y desnudas que se arrastraron sobre el suelo, la mirada fría de aquel fantástico ser viró a ternura profunda. Lenta y majestuosamente extendió las alas, tomó impulso con un salto y salió volando para el lado del río, como queriendo llegar lo antes posible al lugar por donde un sol tibio y cansado a duras penas comenzaba a extender sus brazos ancianos, como esperando un tributo ineludible de esta raza tantas veces injusta, indiferente, mezquina.